martes, 7 de abril de 2015

El mundo le pertenecía tanto como las almas que estaban deambulando por sus territorios. Y es que él solía pasear por altas horas del día ya que en las tempranas horas, no había nada que le fuese realmente de importancia. Muchos de los que amamos la oscuridad sabemos que es justo en las noches cuando lo más grandioso de la existencia se muestra y nos cubre con su propia sabiduría haciendo de nosotros seres sabios. Salió a caminar como todos los días por las calles solitarias, calles infestadas de silencio y de pronto se topó con ella; una mujer quizá a primera vista, pero tenía unas alas negras con las cuales le era fácil abrazar a quien se le pusiera frente. Así las cosas, se acercó a él y le abrazo justo con las alas. En ese momento no le era posible respirar, sentía la sangre recorrer por todo el cuerpo, ir y venir del líquido vital, sentía un calor tremendo y sabía que su voluntad era nula pues le pertenecía a la mujer alada. Su mente se nubló tan sólo veía su entorno como un film a través de la pantalla de su propia mirada. ¿En qué estaré soñando? -Se preguntó- pero nadie le dio respuesta pues lo suyo era tan sólo un soliloquio. Ahí recordó que él pertenecía a un castillo si, al castillo de Otranto un castillo en el que se sabía se celebraban ritos satánicos y que precisamente por ello se les había condenado. Un castillo en el que las gárgolas disfrutaban deambular y ser parte del espectáculo de la noche. En ese instante vio como se le develaba ante si, su propio ser. Si; así como si de repente un pez viese el agua en la que nada. Él, observó su alma, la cual se postraba frente suyo, poseía una capa color verde que al moverse se tornaba de tonalidades doradas, color que no le decía nada puesto que lo suyo eran los grises. Es justo este el momento en que se perdió de la línea de lo real y lo onírico siendo esto último más fascinante, pero también perturbador. Siguió andando hasta toparse con lo más extremecedor, la tumba de aquel que en su momento le dio la vida. Se puso frente a ella y lo único que descubrió fue un sitio vacío. Él había pensado que siempre había habido millones de cosas honrando la memoria de aquél que le dio la vida pero se dio cuenta de que tan sólo había olvido y polvo pues es que en realidad es justo eso la muerte cuando es parte de la existencia.

En fin... cuando quizá dar marcha atrás le fue imposible debido a que  su camino sólo llevaba hacia un destino, el cual era el  de su propia muerte, fue como comenzó a comunicarse solamente con las gárgolas y los ángeles caídos del sitio. Pues es justo el destino de aquel que no sabe superar sus debilidades y que se entrega a la soberbia de la conciencia.  A partir de ahora, mas vale recordar la vida de este pobre príncipe de la oscuridad, cada trago de sangre debe honrar el olvido de la soberbia de éste que siempre se creyó inmortal.

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