martes, 17 de febrero de 2015

Sobre la anatomía de las emociones.



Mucho se ha hablado en los tratados científicos y filosóficos acerca de las emociones, algunos incluso han tratado de explicarlas desde la psicología. Todos estos textos se han referido a ellas, a las emociones; como si se tratasen de entes independientes que se van interconectando unos con otros tratando de hacer caótica la existencia humana.  Me imagino una especie de personajes literarios que están en una emocionante lucha en el cerebro humano, entre pasiones, rencores y grandes amores están fluyendo las ideas concebidas y una que otra preconcebida.
Si bien, nadie ha hablado de las emociones desde su propia anatomía y es que en uno de mis mágicos viajes al pasado, conocí al gran alquimista Erasmo de Cusa y me explicaba algo sumamente develador. Me explicaba como cada emoción tenía su propia anatomía y que este era un conocimiento tan sutil que muy pocos lo iban a poder percibir en la historia humana.  Me explico ahora mejor: cada emoción tiene su propio espacio en el vacío su propio tiempo y de ahí que las emociones tengan tanta preponderancia en la existencia humana. Si, nos han querido engañar haciéndonos creer que las emociones son sensaciones que controlamos y entonces somos capaces de modificar. Pues no, en realidad son seres diminutos que se pasean por nuestra masa encefálica y van jugando con nuestros neurotrasmisores  algunos se inclinan más por empaparse de dopamina otros cuidan de la serotonina y es muy interesante porque cuando una emoción como la tristeza se hace presente la serotonina se ve en peligro de extinción y por ejemplo cuando una emoción como la alegría se hace presente entonces la dopamina comienza a segregarse en grandes cantidades.

Es curioso esto de las emociones y su propia corporeidad. Recuerdo hace muchos años leí un texto que se titulaba “el cerebro averiado” vaya texto, después de lo leído me sentí averiada totalmente de mi cerebro sin embargo, explicaba en un capítulo algo así como la importancia de las emociones con respecto a la salud mental. Si bien, es un tema para psiquiatras a mi me parece apasionante como filósofa y es que Jaspers fue mi mentor para eso de la pasión por la cuestión mental en concreto por la patología.  En una ocasión, estando yo en Alemania por ahí del 1926 conocí al gran doctor Jaspers justo estaba escribiendo su gran obra de Psicopatología General de la cual yo hice un análisis hermenéutico por ahí del 2005 como verán paso un poco de tiempo para que yo pudiese comprender su obra (y sigo sin comprenderla realmente) pero bueno, volviendo a mi 1926 en mi encuentro con Jaspers, recuerdo que tuvimos una conversación que también trataba de las emociones y él me explicaba que en efecto eran una especie de corrientes eléctricas que activaban los neurotransmisores y por tanto toda aquella connotación de espiritualidad que se le daban a las emociones resultaba falaz, mero romanticismo de quinta. Comprenderán que me era mucho más emocionante imaginarme toda una historia bélica en mi cerebro con personajes tan profundos como doña melancolía o fuerte como el demonio de la ira, ni qué decir del gran dios del amor y su antagónico el odio. Uff decidí agradecerle a Jaspers pero me retiré de su existencialismo. En definitiva para esto de los estudios anatómicos de las emociones no hay como los renacentistas, tan sólo basta observar sus obras de arte,  es claro que pintaban o esculpían a las emociones con todo y su corporeidad.  En fin, no quiero alargar más esto sólo quería recordarme la importancia de tener conciencia de la anatomía de las emociones porque creo que muy pocos seres humanos lo saben y es justo la causa por la que no comprenden muchas veces lo que les esta pasando y es que si comprendemos que las emociones son entes aislados a nuestra voluntad y que no es correcto pretender controlarlas porque de lo contrario nos sometemos a un estado bélico constante con nuestro interior. De ahí que si le dotamos de su propia existencia a las emociones y respetamos su propio ser , entonces sabremos comprenderlas y aceptarlas  ergo, sabremos convivir con ellas pues entenderemos que como cada ser en nuestra existencia, simplemente es pasajero. Hoy se que tengo una emoción y (valga la redundancia) muy emocionante y se que tiene cuerpo y nombre. Me hace feliz sentir tal emoción porque se ha instalado en mi y va jugando con cada uno de mis neurotransmisores, es genial saberle. Esa emoción se llama E y me gusta mucho sentirla.

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