jueves, 13 de septiembre de 2018

La felicidad del absurdo

Vengo aquí, como quien busca a su mejor amiga para platicar. Y en efecto, soy mi mejor amiga.
Hoy tengo un letargo impresionante, es químico lo sé porque a tanta humedad, mayor antihistamínico, por ello se ha de llamar así, porque va directo a lo anímico. Hoy ni triste ni alegre, simplemente me encuentro así, aletargada.
Masco un chicle de menta pero ni así logro concebir entusiasmo alguno.
Recién escribí mi columna semanal, nunca he contado aquí que hace más de un año ya escribo una columna semanalmente en un medio como este pero más público y con hartos autores, no me he hecho famosa jaja. Ha sido de lo bueno que me dejó FB de quien hace tanto no sé pero sé que vive porque es muy inquieto en el mundo real y virtual.
¿Les he contado que Merlina cada día es más anciana? dicen que es lógico pero yo no le veo la lógica yo tan sólo le veo los inconvenientes entre ellos, el que de día duerme y de noche deambula y ladra entonces me genera un espanto de sueño que ni con los remedios de la abuela se me curan. E insisto que es ilógica su vejez pues seres así jamás habrían de perecer.
Me despintaré las uñas azules, si, quiero volver a lo más oscuro, mis manos danzan mejor vestidas de elegancia y no de supuesta felicidad. Por cierto, ayer escuché el canto de la sirena del mar turquesa que habita en mi, sin embargo, me ha pedido no contar aún nada de nada así que shhhhhh.
¿No les hartan las redes sociales? he descubierto que mi tiempo invertido a ellas es directamente proporcional a mi nivel de depresión. ¡Por Zeus! soy la reina de la procrastinación ¿habían escuchado en los 80´s o 90´s o a principios de los "dosmiles" esa palabra?  juro que yo no, y ora es tan mencionada por aquí y por allá que hasta ganas me dan de escribir todo un ensayo al respecto pero pues "ahí luego"  no puedo ser tan incongruente.
Mis días se han vuelto tan rutinarios pese a la "libertad" que tengo y es que es levantarme, beber el té de jenjibre con no sé qué que me hace C. tender la cama, tomarme el licuado o mejor dicho la poción que me hace C. quesque pa mi bien pero sabe tan raro cuando bien le queda, aunque en realidad sabe re feo pero me lo bebo, después de autoconvencerme de que debo hacerlo (tardo como 20 min en lograrlo, espero ir haciendo un record), mi yo kantiano me mueve a abrir el pico y tragarlo. 
Ya que se va C. a su empleo yo me quedo a trabajar en lo de mis cursos que vendo y en hacerme muy tonta, como en este momento. Limpio mi casa obviamente porque soy obsesiva de los buenos olores y de que todo se encuentre en el sitio adecuado según mi lógica y estética y es entonces cuando pasa todo eso; cuando digo "ya es momento de hacer algo" como si todo lo anterior no fuese hacer algo. Vaya complejidad del paralelismo existencial que me cargo  ¿no? Así vivo mis días, sucumbiendo al hedonismo de apapacharme lo que venga, ya sea tristeza, letargo, felicidad, hambre, sueño, o simplemente mirar hacia un punto fijo con la imperiosa satisfacción de que nadie te pregunte ¿qué piensas? ¿qué haces?  No les parece que en verdad el absurdo es un verdadero lujo.  Ya son las dos de la tarde, ni me he bañado y sé que tendré que hacerlo en algún momento del día pues por la tarde iré a dar una sesión, si, trabajo en una empresa como asesor filosófico ( mi sueño hecho realidad) siempre pensé que al lograrlo sería feliz pero ahora descubro que la felicidad en verdad no son ni los sueños ni las metas, la felicidad es esto y ya. El absurdo me resulta la felicidad de hoy.  Ya luego les cuento de una peli que vi pero que volveré a ver porque la sigo degustando y no entiendo del todo, todo lo que vi. Aquí les dejo al gran Ólafur que hoy me acompaña, tan melancólico, nostálgico y lleno de vida paradójicamente, así, igualito a mi.









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