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sábado, 4 de julio de 2009

Recordando y soñando



Con esto de mi mudanza he tenido que desempolvar cosas, fotos, textos, cuadernos, muñequitos, que soy fanática. Ay no sé, una serie de objetos que mas que hacer conciencia del objeto me voy directo al sentido, al simbolismo y lo que es peor, al recuerdo. Pero como en todo, hay dualidad. Hay belleza, tristeza; que no es lo mismo que fealdad pero ultimadamente cada quien hace sus dicotomías como mejor le convenga ¿no? 
Una de las cosas que me encontré fue una pequeña libreta en la que escribí en una ocasión estando de viaje. Hubo un texto que me gustó mucho y por eso decidí compartirlo aquí.

Julio 2005 Casa Rodin (París)

Estoy aquí en tu casa Rodin. En estos bellos jardines infestados de tu arte, infestados de tu misterio y sensibilidad. Ahora comprendo porqué le apasionabas a Rilke.
Tú fuerza, tú aflixión, tú pasión, tú expresión. Todo esto conjuntado en el círculo de tu grandeza.
Todo rodeado por la creación divina acompañado de la virtud más grande que puede poseer el hombre: la sensibilidad.
Me encuentro frente a tu pensador, me he quedado sin habla. Su expresión es como la de todo gran filósofo. Me pregunto ¿qué pensará? ¿qué pensabas cuándo lo esculpiste? 
¡Es tan soberbio! en sentido estricto.
Todas tus fuerzas han quedado unidas en tu obra; Tu fortaleza, tu sensibilidad y tu sapiencia. Me pregunto ¿qué buscabas Rodin? ¿qué pensabas de la vida?
No te hacen falta palabras Rodin, con el bronce y el mármol pudiste decir todo lo que tenías que pronunciar. Gracias August por saber pronunciar tu voz de bronce y haberla compartido a la humanidad.

domingo, 28 de junio de 2009

El espiral

Tal parece que las cosas van tomando su rumbo. Sin duda, un rumbo muy distinto incluso al imaginado. Alguien ayer me dijo algo que como todo lo que me dicen sobre mi misma me deja pensando. Me dijeron: "Eres como un espiral" desafortunadamente la situación se torno distinta en un segundo y ya no tuve oportunidad de preguntar ¿qué significaba que yo fuese como un espiral? apenas y vuelva a ver a este ser, le haré la pregunta. Mientras tanto, me dio material para yo estarme comiendo el cerebro un poco. Me acordé entonces de algo que dijo el gran filósofo Andrés Ortíz -Osés en una entrevista y cito:

"La hermenéutica se constituye en una filosofía existencial consciente de la contingencia y, por tanto, de la defección; una tal filosofía debe saber que amamos con nuestros defectos, más aún: que amamos por nuestros defectos, los cuales condicionan precisamente nuestra necesidad de el/otro."

El que yo fuese un espiral me llevó a querer interpretar este ir y venir  de estados y modos de permanecer en el mundo, mi mundo. Quizá resulte confuso y es que lo es para mi desde la entraña, de ahí que muy seguramente surja "tan compleja" frase que ya repito con tintes de burla de mi misma. Y es que conforme me voy conociendo, me percato de la complejidad que implica el ser tan consciente del ser en toda su potencialidad. Es caro ser así, la vida se antoja más sencilla pero es el intelecto el mayor enemigo de los bienes simples. Por más que he querido desprenderme de este estado de complejidad se adhiere a mi ser, como ya parte esencial del mismo. Por lo mismo, es que retomé la cita del gran hermenéuta de Bilbao.  Pues sólo quien se logra interpretar así mismo por medio de un proceso hermenéutico puede entonces quizá, no liberarse del estado de complejidad; pero si, darle sentido. De tal modo que sea una especie de virtud bien encaminada.
Dilige, et quod vis, Fac decía San Agustín y cuanto de verdad hay en esta frase tan pequeña; amar y hacer lo que uno ama. Es justo la sentencia del existir ¿qué tan difícil es? es carísimo, me consta, en ocasiones implica ir en contra de lo establecido, en contra incluso de los egos de uno mismo que de repente dominan al ser propio. En fin, soy una especie de espiral que tan sólo busca ser tan estético como lo es el espiral, tan intrigante y misterioso como todo aquello que aparece de modo heroico por el simple hecho de ser uno  mismo.
Es fantástico sin duda este apalabramiento  ontológico que me lleva hacia un sentido de ser yo misma.  Esta relación simbólica o coimplicacional que muestra la complicidad de ser y sentido; esta conjunción entre hombre y mundo; entre lo divino y lo humano, finalmente; entre hombre y destino. Y hacia allá voy...