sábado, 30 de noviembre de 2013

La verdadera identidad de Sofía

Nadie sabía ya lo que significaba "ser", aunque se proclamase por todas partes que el ser determina la conciencia. Así fue como despertó ella, Sofía y al instante se cuestionó ¿Qué hacer en esa situación cuando se es un hacedor? se levantó de su regazo y caminó hacia la ventana por donde apenas y susurraban las voces del sol. Corrió la cortina para dar paso a esos susurros y se estiró plácidamente. Pues ella, disfruta de los pequeños placeres de la vida; de esos que nadie los ve como tales y que sin embargo, inundan de gozo al alma.
Como cada mañana, se acercó a la mesita de su cuarto. Ahí reposa su gran Libro de las sombras. Libro que sólo poseen y conocen las brujas. Junto con su libro coloca velas de colores, símbolos, flores y una cantidad maravillosa de piedras. Pues su gran maestra la Sabia Hildegard von Bingen la gran música, mística y estudiosa de las piedras y plantas, fue quien le enseñó a Sofía el uso de las mismas. Así entonces, ante tal sentencia dictada antes de su despertar, decidió tomar un topacio, una piedra transparente de color amarillo dorado, esta piedra irradia una gran luz que ilumina tanto el entorno como las mentes de las brujas. Sofía se la colocó sobre si, pues de este modo, ayuda a recargar las energías psíquicas y lograr imponer su voluntad en los rituales que tendrá que hacer durante el día. También ayuda a fortalecer sus habilidades mediúmnicas y así poder adivinar a largo alcance. Así pues, Sofía comenzó el rito; sujetó fuertemente con la mano izquierda el topacio durante unos minutos pues de este modo el efecto adivinatorio se presentaba casi de inmediato. Posteriormente, con una fina espátula rozo suavemente el topacio para sacar un poco de polvo, lo mezclo con un poco de plomo dando sitio al segundo ritual, el cual iba intencionado a desaparecer los odios, las envidias, los rencores y todo sentimiento de venganza. La mezcla de polvo la vertió en una garrafa de vidrio que contenía flores, hojas y piedras. acompañada de una vela blanca (el fuego esencial de las brujas), comenzó a escribir todo pensamiento dictado por su inspiración en el Libro de las Sombras.
Escribió una sentencia que versa: 
Omnes mundi ad Magiam advenium et iustitiam sum anime humanitas. 
Así entonces, Sofía terminó su ritual con la esperanza de que la magia recorra por cada vía terrena e invada la conciencia humana. Pues para Sofía es de suma importancia que cada ser humano haga posible la gran utopía de adueñarse de su propia realidad. Pues si bien, Sofía daba la razón a Shopenhauer al pensar que: "Aquella filosofía en cuyas páginas no se encuentren las lágrimas, el aullido y el rechinar de dientes, así como el espantoso estruendo del crimen universal de todos contra todos, no es una filosofía". Sofía piensa que estas palabras se aplican también a la existencia auténtica. No hay existencia auténtica que no se logra autentificar a través del dolor, del llanto, de la pobreza universal; pues de lo contrario, jamás se adquiere conciencia de quien se ES y de qué queremos SER. Por tanto, Sofía busca hacer que la magia devenga en conciencia y de este modo, por fin la humanidad comience a Existir. 
Amén.


1 comentario:

Echavez dijo...

Qué tu embrujo llegue a todos los rincones, Sophía. Y te pregunto, la verdadera existencia debe autentificarse ¿una vez? ¿o cada vez? Dolor, llanto y la pobreza Universal arrastradas Desde ¿No son suficientes? ¿No bastan? ¿La soledad debe ser perpétua para ser soledad? No creo. Si la soledad es perpetúa deja de ser soledad, pues no tiene punto de referencia.