sábado, 26 de julio de 2008

Sobre las lágrimas del cielo


No he podido dormir, seguro porque lo he hecho todo el día. 
Me pregunto si la lluvia es tan sólo un canto de los dioses o es el llanto de éstos mismos ante la barbarie de la humanidad. No sé, no entiendo mi afán de ver todo de modo metafórico, pero es que cuando me acerco un poco a la realidad real, me asecha el temor de la conciencia y me convierto en un ser muy susceptible a los cambios que no se dan. Me preocupo y me angustio ante la impotencia que da el no poder gestar cambios radicales en situaciones radicales. La lluvia... si, no me olvido; la lluvia va y viene como lo hace mi mente, se calma, se acalla y de repente regresa en forma de grito que inunda no sólo las calles sino también las almas de aquellos que no tienen refugio. De todos los que no se guardan en sus pensamientos porque no tiene tiempo de ello sólo buscan un refugio, un sitio. Si... buscan el sitio. 
Mi pensamiento se refugia en si mismo, su sitio es mi cuerpo y su morada mi mente, mi memoria. La lluvia me convierte un poco en humanitaria y hace que me duela. 
Hay quien dice "me encanta la lluvia" yo tan sólo pienso... a mi no, a mi... me duele.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No me gusta sentir la lluvia sobre mi cuerpo, me hace sentir culpable. El verla a través de la ventana despierta en mí una inquietud por comprender su significado. Es bueno saber que no solo a mí no me gusta la lluvia. Me agradó mucho tu escrito.
R.A.