martes, 5 de agosto de 2008

Hacia un funesto porvenir




"Ya que el mundo adopta un curso delirante,
debemos adoptar sobre él un punto de vista delirante".
Jean Baudrillard

Razonar sobre la técnica en estos tiempos es pensar respecto a algo que se da por todos conocido, es un concepto que comienza incluso, a sonar añejo. La técnica es algo de lo que se viene hablando a partir de la época de la ilustración y que se ha ido consolidando con la época de la modernidad siendo una de sus autoafirmaciones la ya conocida y criticada por los frankfurtianos “Razón instrumental”, esa racionalidad irracional que nos lleva cada vez más al olvido del individuo.
Hoy hablar de técnica es hablar de muchas cosas más, tales como: virtualidad, inteligencia artificial, genética, cibernética, terrorismo, etc. Sin embargo, son tantos los avances y tantos los conceptos que se han venido integrando a nuestro lenguaje cotidiano, que es imposible confrontarse con cada uno de ellos y no cuestionarse por su sentido. Pero hacerlo requiere de mucho tiempo, por ello solamente enunciaré algunos de los puntos que me preocupan en cuanto a la deshumanización a causa de esta entrega tan automatizada e inconsciente del individuo.
Coincido con la opinión de Baudrillard cuando dice: “Si los hombres sueñan con máquinas originales y geniales, es porque desesperan de su originalidad [...] Pues lo que ofrecen esas máquinas es el espectáculo del pensamiento, y los hombres, al manipularlas, se entregan al espectáculo del pensamiento más que al mismo pensamieto.” Si consideramos que el pensamiento es aquello que trata de comprender a la realidad; la ecuación Razón = verdad = Realidad nos lleva a concebir a la razón como lo teórico y más adelante, nos lleva a entender a la razón desde una perspectiva tecnológica; es entonces como diría Marcuse “la racionalidad tecnológica” la que predomina en el hombre. Ahora bien, ¿este tipo de pensamiento, de razonamiento accede en realidad a la verdad? la verdad empeña y compromete a la existencia humana y es justo éste el proyecto esencial de la humanidad. Como bien dicta la sentencia de Píndaro “Llega a ser lo que eres” si el hombre verdaderamente aprende a ver y saber lo que realmente es, entonces actuará de acuerdo con la Verdad.

Pero el hombre mismo se está convirtiendo en un ser virtual, su pensamiento es el pensamiento también de otros ¿quizá estemos perdiendo la individualidad? ¿es acaso la pérdida de la propia identidad a lo que nos lleva la técnica? Heidegger ya lo decía de alguna manera cuando hacía énfasis en el hecho de que el hombre moderno tomaba la totalidad del ser como materia prima para la producción. Mi objetivo sea quizá demostrar el carácter instrumentalista de esta racionalidad científica en la que vivimos, esta racionalidad que se vuelve un a priori de una tecnología como lo plantea Marcuse, una tecnología como forma de control social y de dominio.
Es impresionante conocer e irse enterando de las investigaciones que la ciencia hace, por ejemplo: La genética. Es extraordinario saber la estructura exacta del ADN, saber que guarda el código genético, y es la parte principal de los cromosomas de donde emanan las informaciones de cómo la célula debe comportarse. No cabe duda que el ADN es una obra de la naturaleza, es una molécula enroscada en una hélice doble, construida de acuerdo con un modelo universal y bellísimo. Ahí reside el secreto de la vida. Es sin duda la obra de ingeniería más delicada y perfecta que el ser humano conoce, esta ingeniería que el hombre ha llegado a conocer al grado que puede incluso, “manipular” eso que podemos ser. Este conocimiento tan profundo del hombre, tan “exacto”, no deja de ser un avance como tal y una apertura al horizonte de sentido que cada ser tiene. Sin embargo, también es escalofriante saber que ante tanto conocimiento sobre el hombre, también se puede llegar a desconocer totalmente, al grado que la historia del Dr. Frankenstein puede sernos no tan ajena o ficticia como nos pareció de la novela de Mary Shelley; y al rato como especie no seremos dadores de vida, sino creadores de bestias si no es que ya lo somos. 
La intención de este breve texto no es parecer pesimista pero si realista, no podemos hacer que nada pasa, tal y como no lo hacen creer en la pantalla del cuarto poder. Sí pasa y eso que pasa es justo lo que somos. Nosotros estamos aconteciendo junto con la historia, nosotros somos la historia aunque Péguy diga que no hay historia sino solamente duración pública. Nosotros somos los que estamos y estamos siendo. Considero que nuestro deber (sin que sea un imperativo categórico) es la de analizar la situación humana, la de someter nuestra experiencia a juicios críticos, juicios que contengan un valor ¿qué significa esto? Que seamos atentos a lo que pasa y que lo valoremos por la vía del razonamiento, más vale tener una vida inteligente a una vida estúpida y sin sentido propio.

El fruto de las telecomunicaciones, es precisamente esto, el dejarse llevar, el hecho de que entreabre la posibilidad inaudita de lo que Paul Virilio llama “la civilización del olvido”, nos hemos convertido en un live coverage (“en directo”) en pocas palabras, estamos telepresentes en el mundo. Ya lo mentaba antes Marcuse con su Hombre Unidimensional pues hasta nosotros los humanos nos estamos volviendo seres virtuales. Somos parte extraordinaria del espectáculo de la vida pero ese es el problema, estamos siendo un espectáculo y no la vida misma. Al no ser sensibles a este grado de irrealidad, de juego, de espiritualidad irónica del lenguaje del mundo; equivale precisamente, a no ser capaz de vivir.
¿Es acaso el progreso del hombre un progreso tal, que hace que su propio rostro se le borre y se convierta definitivamente en no identificable, no sólo en el secreto de su rostro sino en el de cualquiera de sus deseos? ¿acaso tendrá razón Baudrillard cuando dice?: “Si todo hubiera sido perfecto, el mundo se limitaría a no existir, y si por desgracia acabara existiendo, dejaría simplemente de hacerlo […] por eso, sólo puede sernos dado como ilusión.” ¿Es entonces ya, el mundo, una mera ilusión de lo que somos? Sin duda, somos artífices, testigos y víctimas de toda una avalancha de acontecimientos pero tales sucesos no son más que el reflejo de la parodia que estamos siendo como especie ¿nos hemos convertido en un engaño? ¿somos simples personajes como los que vemos en las historias que nos cuentan? En palabras de Baudrillard “Nosotros mismos en tanto que seres vivos y mortales somos la huella de la imperfección criminal” somos presas de lo aparente, de lo que acontece en la pantalla, fruto de lo que Virilio llama la “nueva espectacularidad” ésta que es nacida de la urgencia de la técnica del tiempo real, comunicación masiva que se extiende de modo indiferente a la información política, económica, social o judicial. ¿Es acaso “Matrix” realidad y no ficción? Esta idea aparentemente “descabellada” de que somos parte de un sistema y la creación de otro, ¿no será nuestra realidad? ¿no será que en verdad no somos nosotros mismos y somos completamente manipulados por un sistema? Claro, no un sistema que se conforma de una plataforma y base de datos, pero si un sistema económico, político y social ¿en verdad la idea “Matrix” suena tan descabellada? Todo esto se va extendiendo incluso, a las pseudodiversiones liberadas de toda censura tales como: reality shows, clips musicales, juegos interactivos, etc.

Es justo esto lo que somos hoy, una pantalla del espectáculo de la existencia, una razón sin razón en donde lo que nos domina no es la propia voluntad sino la voluntad de un sistema que nos somete invisiblemente y nos manipula sutilmente, presentándonos la vida desde otra pantalla, la pantalla de la ilusión, en donde la liquidación del otro va acompañada de una síntesis artificial de la alteridad, pues si, el otro no es más que el “otro”, aquel que está ahí, buscando lo mismo que yo, trabajando por lo mismo y viviendo de la misma manera. Es así como la presencia del otro comienza a ser molesta porque es más una competencia que una compañía. El otro no implica lo que yo también soy sino lo que no me deja ser, por eso, es preferible no dotarle de rostro porque así me libera de la culpa si es que la hay. Con la técnica hemos entrado a la era de la producción también del otro. Y no se trata de matar, devorar, seducir, rivalizar, amar u odiar al otro sino de producirlo. El otro está en tanto que me sirve, en tanto que me es útil; las relaciones se han tornado convenientes en el sentido de que “mientras me convenga estoy contigo.” Los valores que implicaban cierta alteridad, hoy en día han cambiado su curso por ejemplo: ahora ya no se habla de matrimonio sino de unión libre, ya no se habla de familia sino de independencia, ya no se habla de noviazgo sino de free, ya no se habla de empleado sino de consultor, y así se pueden citar varios ejemplos. Esto no significa que se condenen ciertos modos de vivir o se juzguen como lo no adecuado, simplemente es interesante analizar como no todas las formas de existencia son verdaderas en el sentido de que nunca podrán realizar sus potencialidades en el gozo de ser. El sentido original de cada uno de estos conceptos lleva en sí mismo un acto, el cual, a causa de la falta de identidad con la especie se ha visto volatizado y superficializado. Somos productos y si no cumplimos con las reglas del mercado o pasamos el control de calidad, entonces no estaremos a la vanguardia. Ya lo decía Protágoras “el hombre es la medida del hombre” pero hoy su valor es muy fugaz, puede ser descartado mañana según lo que le convenga al mercado.
Sin embargo, hay un espíritu humano profundo, ese instinto de supervivencia que hace que trascendamos las situaciones y las épocas reinventando el futuro. Miramos hacia atrás viendo el pasado de nuestras vidas, de la historia de nuestro país y del mundo. Miramos hacia enfrente e intuimos un mundo ideal aún cuando estamos conscientes de que cuando el futuro sea presente, no será nada parecido a nuestras quimeras. El presente en cambio, no es más que el punto infinitamente pequeño, el puente diminuto entre lo que fue y lo que será.
La vida moderna ha hecho que nuestra cabeza viaje por mil ideas y fantasías mientras nuestro cuerpo permanece en el mismo sitio, es justo esto la telepresencia, la presencia no consciente de estar. ¿Qué caso tiene existir así? ¿no es precisamente esto, un estado de levedad como el que describe Milan Kundera? Vaya sedante el que nos han dado, ¿en dónde está toda esa parafernalia que nos describe como los grandes creadores, los civilizados, los inteligentes? ¿en dónde está toda esa bondad de la cual supuestamente fuimos dotados por un ser superior? o ¿es que en el inconsciente colectivo ya todos estamos convencidos y vivimos esperando al salvador? ¿es necesario que nos vengan a destruir para que nos percatemos de que “pudimos” haber sido una buena sociedad? Considero que este dominio del hombre por el mundo debería quedar en el olvido pues por años ha quedado demostrado que lo que menos puede dominar el hombre es asimismo, es más fácil pretender dominar lo externo, el mundo, la sociedad, la naturaleza pero no hemos alcanzado a dominar nuestra propia voluntad, nuestras pasiones, ni siquiera nuestros pensamientos. Y si se duda de esto que enuncio, basta con ver los acontecimientos de barbarie que se siguen dando, basta con ver que Auschwitz a pesar de lo trágico que fue, ahora queda en las conciencias de quienes lo vivieron de cerca, por otro lado, lo que ha estado aconteciendo entre Israel y Hezbolá ha sido una barbarie tremenda y no ha pasado ni un año siquiera y muchos ya ni se preocupan. ¿Es acaso éste, un nuevo tipo de humanismo? Y disculpen mi irreverente ironía pero es que ante tales sucesos lo más optimista que le queda sentir a uno, es precisamente eso, ironía, de lo contrario termina uno deprimiéndose y no haciendo nada.
Es cierto que todos estos acontecimientos aterradores que se han generado, también han dado origen a ciertas conciencias, un ejemplo es precisamente la conciencia ecológica la cual, le surge al hombre que es consciente de cuidar y preservar la flora y la fauna del planeta pero, ¿no será más bien el hombre quien debe pedirle a la naturaleza que lo salve? ¿no es demasiada soberbia seguir considerando que nosotros somos quienes debemos salvar al mundo? ¿no es más bien, el mundo el que debe salvarse de nosotros? 
La idea de que somos los únicos seres inteligentes del universo resulta tan irreal como presuntuosa ya lo decía Frei Betto “Pregúntenle a una abeja lo que piensa de nosotros” si bien, seremos expertos en la lectura de señales artificiales, como las letras o los restos que han quedado de las civilizaciones anteriores. Pero no somos capaces de prevenirnos ante los acontecimientos naturales, cosa que las demás especies animales lo hacen porque nos superan en la lectura de las señales naturales. Con la tecnología, nos hemos llegado a considerar los hacedores de todo cuanto existe y si no, de menos, los que pueden controlarlo; pero hay más historia de lo que el hombre se imagina, más pasado, más tiempo del que podamos cuantificar. Por ejemplo, cada uno de los electrones que componen nuestra estructura orgánica y vital lleva en sí una historia del mundo que jamás se pierde, estuvo en el big bang y en la fusión termonuclear de las estrellas, en el hierro que se quebró en la explosión de una super nova, en los gases calientes que moldearon la tierra, en los primeros insectos, en las plantas, en los seres humanos que nos han precedido. La ciencia sólo conoce fragmentos de la realidad y es la realidad la que se devela, la que se muestra, no el humano ante ella.
No obstante, a pesar de tantos avances impresionantes, de tantos descubrimientos, seguimos aquí, rodeados de enigmas y soportando sufrimientos. Si es verdad que el hombre se ha superado entonces ¿por qué hay hambre? ¿por qué hay guerras? ¿por qué hay discriminación, opresión, enfermedad, ignorancia, incomprensión, vejez, muerte? ¿por qué lo maravilloso de la existencia sólo es disfrutable para los que disponen de recursos financieros? ¿por qué solamente unos cuantos tienen una vivienda confortable, un vehículo, un móvil, una computadora? Si parece que todo esto ya es parte de las “necesidades básicas” de la humanidad, vaya ni siquiera la realidad ideal que nos han metido en la cabeza la podemos alcanzar, el tipo de vida que nos han presentado como el “adecuado” no es un tipo de vida que esté al alcance de todos, ¿será acaso una especie de selección antinatural pero que nos quieren presentar como natural?¿no consideran que algo extraño esta pasando con la especie? Si se supone que cada día estamos más informados y tenemos más acceso al conocimiento, entonces ¿por qué si somos los únicos animales capaces de preparar nuestro propio alimento, somos tan brillantes y frágiles a la vez? Es lo mismo que el político que aprueba las medidas destinadas a reducir más el acceso a poblaciones carentes a la canasta básica y no puede prescindir de su poderoso BMW, es tan absurdo como el intelectual que firma tratados a favor de la tolerancia pero rechaza a su hijo homosexual, tan contradictorio y repulsivo como el sacerdote que se llena la boca de moralismo bíblico y abusa de los infantes. Sin duda alguna, hay algo extraño en los animales supuestamente inteligentes conocidos como hombres y mujeres.
¿Será por eso que se ha dado la existencia de una inteligencia artificial? ¿una inteligencia que piense por nosotros? Una inteligencia que no es mas que la sofisticación delirante de los datos y operaciones que no hace más que confirmar que se trata de una utopía realizada del pensamiento; en donde nuestros pensamientos serán actualizados antes de ser pensados. En palabras de Baudrillard: “La inteligencia artificial no contiene ni la sombra de un artificio, ni la sombra de un pensamiento de la ilusión de la seducción, del juego del mundo, mucho más sutil, más perverso, más arbitrario.” En pocas palabras, la inteligencia artificial no es más que un espejo de lo que buscamos ser, pero que nunca se igualará con aquello que no hemos creado nosotros, como nuestra propia inteligencia. Y aclaro que no comparto la teoría creacionista del hombre pero es evidente que nosotros mismos no nos hicimos el cerebro.
Por eso considero que hemos llegado al extremo de la técnica, la realidad virtual es eso, un extremo. Esto es mucho más grave que la alienación técnica o que la inautenticidad heideggeriana, esto, no es más que el proyecto de desaparición irreversible, en la más pura lógica de la especie. No hay sitio en este mundo para dos tipos de inteligencia, la natural y la virtual, no hay sitio para el mundo y su clon. ¿Acaso es necesario crearnos un mundo virtual? ¿es tan inhabitable el mundo real? ¿es tan terrorífico que necesitamos vivir en la fantasía de lo real? Pero una fantasía que ni siquiera tiene un sentido mítico sino una fantasía que más que serlo es una especie de sedante de conciencia, en la que de modo colectivo se va acumulando una cierta neurosis. Como ya lo plantea Freud en su obra El malestar en la cultura. ¿Acaso esto no nos hace prescindir precisamente de lo mítico, de lo trascendente incluso lo metafórico? ¿por qué preferir los encadenamientos metonímicos, como si eso fuese solamente la existencia? ¿es necesario soslayar a la muerte con este precio? ¿el precio del sudario transparente de una inmortalidad hecha a la medida?
Así las cosas, entonces podemos decir que todo lo que poseemos se convierte en el lugar de la inexistencia del sujeto, de su deseo de inexistencia. Un sujeto sin inexistencia propia es una hipótesis tan vital como la de un sujeto dotado de responsabilidad metafísica.
Sin duda, la humanidad sigue dejando huellas por todas partes: hay virus, gérmenes, catástrofes; estos signos de imperfección que no son, sino la firma del hombre en el corazón del mundo artificial. No sólo la inteligencia artificial sino toda la elevada tecnología nos demuestran el hecho de que detrás de los dobles, las prótesis, los clones biológicos, y las imágenes virtuales, el ser humano está aprovechando la ocasión para desaparecer. Sí, las máquinas son maravillosas en el sentido de que le devuelven al hombre una especie de libertad pero irónicamente la libertad que obtiene el hombre con ellas, es la libertad del peso de su propia voluntad. 
Estamos tan inmersos en el encantamiento de lo virtual que ya no sabemos qué hacer con el mundo real, lo real dice Baudrillard, esta en paro técnico. ¿Qué será de nuestro pensamiento? ¿acaso comienza a convertirse en un fósil, una especie de huella arqueológica, digna de ser visitada como atracción especial bajo el apoyo de un think operador? parafraseando a Baudrillard: solamente podremos entender la esencia del mundo si podemos entender en toda su ironía, la verdad de esta equivalencia radical. Y ya para terminar, no hay mejor frase que la de Wittgenstein “Deja todo como es”.



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